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La endiablada adicción a Mystic Falls

Jue, jun 30, 2011

Opinión, Series, The Vampire Diaries

La endiablada adicción a Mystic Falls

El verano pasado fue el verano de ‘The Vampire Diaries‘. Se podían leer recomendaciones en practicamente la mayoría de blogs de series y todas ellas coincidían en que los primeros episodios no hacían justicia a lo que estaba por venir en la serie. A mí no me convencían ni con esas.

El piloto me horrorizó en su momento y el segundo episodio no cambió la situación, pero cada vez eran más los “seriéfilos respetables” (vamos, de esos pocos de los que me puedo fiar de su criterio) que no dejaban de recomendarla e  incluso alababan ciertos aspectos de ella. Ahí empezaron las preguntas. ¿Realmente merecerá la pena y será tan distinta a la serie que nos presentan en los primeros episodios?

La verdad es que estas cuestiones tampoco me quitaban el sueño y, además, como el tiempo es una de las cosas que menos nos sobra y la cantidad de series potencialmente interesantes es tan elevada, me fui olvidando de la posible idea de retomarla. Hasta ahora. Hasta que cierta persona me obligó a comprar el Blu-ray de la primera temporada por poco más de 15 eurillos asegurándome que me iba a encantar y, como en verano siempre apetece maratonear una serie de estas facilonas, decidí que ya era hora de saber la respuesta a esas preguntas que me he estado haciendo. Y puedo añadir que a día de hoy no sólo he visto (o mejor dicho, devorado) la primera temporada, sino que también hice lo mismo con la segunda.

Y si. Todo es verdad. Efectivamente ‘The Vampire Diaries’ no es lo que parece a primera vista. Ni mucho menos. No es esa serie teen que nos venden en los primeros episodios de corte romántico que se acerca al tono que puede tener ‘Crepúsculo’, por suerte para nosotros, sino se posiciona más bien como un culebrón de terror adolescente (con sus correspondientes clichés) repleto de situaciones super intensas y super dramáticas hecho única y exclusivamente para el deleite y goce absoluto del espectador.

Una vez pasados los infames primeros episodios, la serie empieza a mostrar una historia que no para de crecer a uno de los ritmos más frenéticos y locos que puedes ver en televisión. Nos olvidamos de esas escenas empalagosas en las que los protagonistas escriben sus ñoños y sufridos pensamientos en sus correspondientes diarios o de esa niebla que parece salida de una máquina de humo de las que tienen en las orquestas de pueblo. Ya no hay nada de eso. La serie pasa a ser una sucesión contínua de escenas y cliffhangers en donde se pone patas arriba la historia y el mundo que rodea a los personajes. Y no sólo eso, sino que es una de las series con el índice de muertes de personajes más alto que recuerdo. No titubean a la hora de eliminar a un personaje y si tienen que arrancarle el corazón, cortarle la cabeza, prenderle fuego o clavarle una estaca, lo hacen sin mirar atrás. La serie está en contínuo movimiento y precisamente por eso sus episodios son tan endiabladamente entretenidos.

Kevin Williamson y Julie Plec, los creadores de la criatura, son plenamemte concientes de lo que tienen entre manos. No es una serie que destaque por tener a  personajes carismáticos o diálogos profundos o llenos de matices, sino que más bien es todo lo contrario, pero solventan las carencias con un ritmo e historia que no dejan lugar al aburrimiento. Por decirlo de una forma: en cinco episodios de ‘The Vampire Diaries’ pasan más cosas que en muchas temporadas completas de otras series. Y no penséis que nos venden humo que no lleva a ningún lado. No, no. Constántemente se atan cabos sueltos, mientras se van abriendo otros todavía mayores. Este ritmo casi loco y desarrollo de la trama llevan a la impresión de estar viendo episodios de la misma intensidad que los de una season finale cada dos por tres; algo que no sólo se agradece, sino que saben que es completamente necesario en una serie como esta, ya que de lo contrario estaríamos hablando de un producto tan horroroso como sus primeros episodios.

Supongo que no hace falta reseñar que ‘The Vampire Diaries’ es simplemente lo que pretente ser: un producto hecho para que el espectador se deje llevar y disfrute de 42 minutos semanales (o en mi caso, llegando a ver siete episodios de una tajada, serían más bien de unas cuantas horas al día) de pura acción y enganche a cliffhangers que nos dejan con la mandíbula desencajada y por los suelos. Y por supuesto, a todo esto, tenemos que sumale el importísimo factor hormonas, tanto para ellos como para ellas. Hay chicas y chicos guapos a rabiar con cuerpos que deberían estar en los altares para adorar. Yo, personalmente, me deleito y regocijo con la guapísima y despampanante Nina Dobrev (especialmente despampanante en el papel de Katherine) ya que es verla en pantalla y entrar en una especie de éxtasis baboso, pero tampoco hago feos al resto del reparto femenino (¡¿y es que hay alguna realmente fea?!) o envidio alguno de esos torsos musculados y perfectamente morenos de ellos que salen casi en cada escena. Es decir, que en el sentido palotero, hay para todos los gustos y colores.

Hoy por hoy ‘The Vampire Diaries’ supera en diversión a su compañera de cadena que tantos buenos ratos nos dio y sigue dando de vez en cuando (hablo de ‘Supernatural’, por si no queda claro) y la supera de manera considerable. De hecho, ambas series se parecen mucho más de lo que uno puede pensar, pero con la gran diferencia de que ‘The Vampire Diaries’ empieza a entrar en materia sobre su sexto o séptimo episodio y ‘Supernatural’ tarda más de una temporada en hacerlo.

Mi consejo es que dejes los prejuicios a un lado y disfrutes este verano de una de las series más frenéticas y divertidas que te puedes meter en el cuerpo actualmente. No tengas grandes expectativas cuando empieces, sólo mucha paciencia para soportar los primeros episodios. Déjate llevar y cuando te des cuenta estarás metido de lleno en la vida, muerte y contínuas fiestas de los habitantes de Mystic Falls. Yo estoy que no me aguanto con las ganas de que llegue septiembre para seguir teniendo mi dosis.

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Esta entrada ha sido escrita por:

Felipe - que ha escrito 617 entradas en Serieína.


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5 Comments For This Post

  1. marguis Says:

    Bueno, pues bienvenido al club!!!
    Yo fui de las que echaron pestes con el primero, pero continuo viendo, y luego hablé maravillas, para incredulidad de lectores y amigos.
    Me alegra ver que ya hay uno mas adicto a este maldito culebrón vampírico que es capaz de darnos tantos sobresaltos.
    Yo ya mee stoy frotando las manos con la tercera temporada ¿qués e sacrán esta vez de la manga?
    Saludos

  2. martinyfelix Says:

    Coincido plenamente con todo. Ahora entiendo a esos que parecían locos cuando decían que era de las series que más disfrutaban semanalmente. Maratonearla fue lo mejor con el factor enganche que tiene. Luego te pones al día y te queda síndrome de abstinencia.

    PD: Lo que me reí yo con la niebla y las demás paridas de los primeros episodios. Eso es lo bueno de ir avisada. De vez en cuando le echo de menos y todo…

    PD2:Y a ti nadie te obliga a comprar Blu-rays, así no nos vengas con cuentos :P

  3. LiPooh Says:

    Eso, bienvenido al club!!! ^^ Desde luego es una serie que engancha hasta límites insospechables. Ahora se enfrenta a su mayor reto: aguantar la 3 temporada en ese nivel, especialmente con todo lo acontecido al final de la 2. Máxima curiosidad!!! :)

    Saludicos.

  4. manganxet Says:

    Por tu culpa ahora tengo un mono increíble por la tercera temporada xD Me alegro de que te gustara tanto y que te hayas apuntado al club, como dice LiPooh ^^

  5. Laura Says:

    Lo mejor que han podido hacer los guionistas es dejar de lado los libros, hechos por encargo y a toda prisa “copiando” a otros ¿vampiros? conocidos.
    Desde el cambio de roles del reparto, por si alguién no lo sabe la prota es rubia en el libro y más parecida a Caroline que un calco, hasta el desarrollo de la historia que no tiene nada que ver salvo el comienzo, esos tres o cuatro capitulos primeros.
    Desde mi punto de vista ésta serie si puede decirse que está basada en el libro, porque de verdad sólo ha cogido la base del mismo.

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